Nos quitan la imaginación.

Viendo las redes sociales, y poniendo especial atención en la palabra “social” descubrí que facebook no me atrapa porque soy “anti” (asocial si nos ponemos técnicos).
No me importa lo que publiquen o qué hagan pero tengo ojos; y ahí están, atrapados sin darse cuenta de lo que pasa, están distraídos y no se percatan de lo que ocurre más allá de lo que quieren mostrar en sus perfiles. Se alejan cada vez más, mentira tras mentira publicada, porque eso es lo atrayente, que todos pueden mentir, que no necesitas ser tú mismo para tener amigos o incluso admiradores: “fans” -como concepto que sintetiza más hacia el fenómeno o la escencia como figura-. Ahora bien, nos distraemos de nosotros mismos, porque nos han quitado la imaginación, incluso les están quitando la de los niños; todo viene armado, figurado, creado… Videojuegos que no necesitan más que unos lentes para simular realidades, les dan la posibilidad de jugar a las “escondidas” con más niños en línea.
Nos han creado una necesidad casi vital, cuando no es más que una debilidad. Se supone que evolucionamos para mejorarnos y sobrevivir vitalmente, pero nos han creado factores de involución; nos han creado debilidades motoras e incluso mentales, pues al no mantener actividad constante, se reducen y con el tiempo incluso se pierden.
Uno de los atributos que nos distingue como humanos: El porder de raciocinio, ya está en peligro de extinción.

Nos quitan la imaginación y ¿Qué hay con eso?

A partir del 2012 (o puede que incluso antes) es tan normal que un niño maneje un aparato electrónico, y hasta inspirador para quienes ya adultos, tienen dificultad de entenderlos.
Cada vez hay más intentos de aplicaciones que resultan fácil a los que carecían de habilidad; sin embargo, así como los bebés están expuestos a éstas nuevas formas de estimulación y con ellas no quedan excentos de caer en una dependencia virtual con herramientas impuestas para mantenerse entretenidos, a riesgo de no crear habilidades mentales propias  necesarias para el desarrollo cognitivo de las diversas categorías inherentes al aprendizaje racional; así también, la carencia de pensamiento crítico en nosotros como individuos, hace que vuelva peligroso el apropiarnos de información en el gran mundo de los medios masivos que ofrece el internet.
#Siestendenciadebesercierto
Dias categorizados festivos para neoprofesiones que si se repite y se muestra cada vez más, empezará a volverse una realidad tomándose como verdad. La verdad es relativa a los medios siempre que no procures descubrirla y valorarla por ti mismo.
¿Recuerdan la edad de la comida chatarra? ¿El como nos iba a llevar poco a poco a la obesidad y terminaríamos muriendo más jóvenes siendo así una humanidad en retroceso por reducción de natalidad? Y esto era sólo causado por el apuro, por la globalización que nos estaba convirtiendo en personas sin tiempo, ni siquiera para descansar, tanto que apareción una de las enfermedades más populares de la década de los 90 “El strés” tan desconocido por aquellos tiempos y que hoy no sorprendería escuchar incluso a un niño, decir que está estresado. ¿Y qué es? Tiempo no reposado, emociones no satisfechas, acumulación de ansiedad. Se considera conceptualmente que el estrés se produce como consecuencia de un desequilibrio entre las demandas del ambiente (estresores internos o externos) y es aquí , justamente en estresores externos donde va a aparecer otra de las grandes enfermedades de la década: La depresión, que por cierto hoy en día está opacada por el “Bulling”
Si nos damos dado cuenta, siempre hay un tema o varios de ellos que sen enfocan como problemática social, popular y mediáticamente; dandole vueltas y vueltas hasta roerlo como un hueso sin carne, pero los resultados no aparecen y muchas veces no es resuelto, si es que no hay medio industrializador como solución, sólo es olvidado.

Tanto tiempo

Quizás ya ni me recuerdes,
talvez hayas elegido no hacerlo.
Quiero escribirte un verso como disculpa,
Pero solo tiemblo, pensando en lo que a ti te disgusta.

En Riocentro Sur, justo en la entrada…
Pasó mucho tiempo desde que te vi por ultima vez,
Mientras yo de espaldas bajaba,
las escaleras mecánicas de ti me alejaban.
Recuerdo exactamente las palabras:
(En inglés, porque en español no me atrevía)
“I will miss you” -aprentando los labios pronuncié-
te habías quedado parada y me dijiste “yo también”.

Ha pasado tanto tiempo.
Pudimos reunirnos otra vez;
pero no me anime a verte (creí que tú no querrías)
y sin embargo fui yo, quien cedió a la cobardía.
¿A qué le temía?
A caer por accidente,
en tu sonrisa nuevamente.
Y no te vi, y no fui
y ya no te escribí.

No existo ya, seguramente en tu memoria.
Podría escribir de ti diez libros de historia,
y tú de mí, talvez no llegues a una línea.
No es reproche, es realidad.
Soy culpable, de en tu vida ya no estar.
Lamento desaparecer tanto tiempo.
¿Podremos recoger del suelo los momentos?
¿Dibujar futuros? -No es necesario tenernos cerca-
Pactemos un nuevo comienzo:
Yo estaré, como estuvo mi ausencia.

Hace frío afuera.

Nuestra cama,
testigo de noches y sobre todo mañanas,
Nos tiende sus sábanas, como brazos abiertos.
Queriendo deshacer los desiertos,
y mostrar el camino, de vuelta a casa.
Ya no te suspiro, en mis entrañas ya no hay brazas.
Sólo ausencias que se quedaron sin techo,
cual ocupas.
Y es que la razón ha perdido su cordura,
no hace otra cosa que callar a gritos.
Enceguecida por la emoción primitiva,
Se diluye en humo líquido.
Es imperativo apaciguarla, y pedir una tregua.
Batallas campales se desarrollan en un segundo,
al final resultará ser cierto,
que del mismo efecto;
surgen el amor y la guerra.
El frenesí de opiniones distintas,
Arroja a la calle la pasion y  nos enfrenta,
¿Cuánto más vamos a tirar de la misma cuerda?
Yo sé que tú lo intentas pero ya no alcanza.
Lo dejamos a la usanza,
de las versiones anteriores que habitaban la memoria.
Siempre es la misma historia,
Te conocí -o quizás creí, que así era-
Hace frío afuera, pero no tanto como dentro de ti.

No quiero rompernos,
ni lo que tuvimos, echar a perder.
Si no se liman las astillas, lo rústico puede doler.
Es tiempo de irse, ya fue suficiente,
mi corazón se quedará contigo, seguramente.
él como tú, no escucha,
pero es lo mejor; nos dejamos tantas huellas.
combatimos en arenas, en la calma y bajo estrellas.
Es hora de partir, ya no quiero hablar,
estoy fuera de mi mente.
Las palabras ya no existen,
no crean conceptos que argumenten los pretextos
Mis versos te aluden en cada esquina
pero surge un amargor.
Entre tú y Yo, ya no hay rima.

Acomodándote el pelo.

LLegas sonriendo,
desarmando mis nervios, acomodándote el pelo.
Tan cerca de llamarte amor,
la razón me sujeta, y elijo que no debo.
Camino hacia el costado,
evadiendo los instantes, me alejo de las ganas.
Te miro y digo cualquier cosa,
temo que descubras, que hace tiempo te espero.

La mente incesante supervisa, pero estoy desarmada.
Guardo distancia a dos pasos de tu risa,
no sea que en la prisa,
caiga descuidada.
Recogiendo asombrada, suspiros sueltos,
y tomando prestada, tu mano como premisa.

Ni siquiera en versos, me atrevo a tocarte.
Nuestros mundos ya están habitados,
su gente, no merece el desalojo.
No me perteneces, de ello soy consciente.
Quédate tranquila, no pretendo llegar a tus ojos.
Tampoco espero, que abrigues la ilusión conmigo.
Pero resulta un delirio no querer explorarte.
Me gusta escucharte, vuela el tiempo y es testigo;
Del acoso de mis latidos,
que exigen a gritos, que vaya a buscarte.
No te asustes, no ambiciono a soñar, invitarte.
Pero te advierto; me fascina tu vuelo,
me halló por sorpresa no me culpes;
Si descubro pasmada, que tal vez ya has entrado.
Casi como respuesta,
a la pregunta incorrecta,
que aún no he pronunciado.

LLegas sonriendo…
Desabrochando mis miedos. Acomodándote el pelo.

Escribo para verte.

La realidad que el sueño origina,
es tan abrumadora a veces.
Trae con ella, de visita,
a personas que ya no están.
Pero en la inconsciencia del estado,
Se pierde la oportunidad,
de poder abrazarlas, una vez más.
Ojalá pudiese dominar ese mundo, para ir de nuevo junto a ti;
Decirte cuánto te extraño y volverte mi confidente en sueños.
Le haces mucha falta a esta familia descompuesta.
Pues tú eras la risa de ese cuerpo descuidado,
que hoy tan marchito está. Sin ti.
Mis manos han despertado queriendo recordarte,
con el corazón lleno de lágrimas,
que han querido ser palabras,
éstas que ahora dibujo, para enjugarte en oraciones.
Te quiero presente y aunque el deseo es imposible,
Mi mente te trae de vuelta, al menos mientras escribo.
Un puñado de letras conciben por un instante,
que yo te pueda ver y con esto te digo:
Te echan de menos tus raíces arrugadas,
que no se hidratan ya, de tu buen humor.
La cabeza explota de ojos hinchados,
Te he visto compartir espacios, de nuevo con nosotros.
Le quedabas muy bien a todas las reuniones,
tu simpatía despertaba lo mejor de cada uno.
Globos desinflados cuelgan ahora del techo;
Nadie se ha atrevido a decirte, que la fiesta ha terminado.

A Mi hermana mayor.
Pao

Crónicas de un Amor desahuciado.

Me preguntas qué me pasa, y ni siquiera yo lo sé,
el corazón te desconoce, ya no le importa si no te ve.
Supongo que necesito estar conmigo,
me extraño, tengo ganas de darme tiempo.
Sentarme a escribir, viajar hacia adentro,
dejarme fluir… sin voces. Intento.
Me gusta el silencio, debo admitir,
y si lo rompemos debería ser para reír.
pero no es el caso, los planes no aparecen.
Intentamos descubrir qué nos apetece
y terminamos por mirar lo que la tele nos ofrece.
Diferimos en gustos; no es sólo la música.
Es la rítmica de nuestra relación;
Amo la lluvia y tú gustas del sol
Mientras yo pretendo caminar por la playa,
Tú anhelas subir y acampar en la montaña
Te gusta salir, al menos a sentarnos en la plaza
Me cuesta fluír, yo prefiero quedarme en casa.
Se ha empañado en los ojos, la ilusión;
Me gusta lo acústico y a ti la percusión.

Hablo más con las aves que se posan en las medianeras
Esas de en frente, que a la tarde limpian sus plumas.
Me conoce más la gata, que tus memorias.
Si prestaras atención, verías que algo se esfuma.

Repaso nuestra historia, suspiro y nos dejo estar.
Los puntos suspensivos, se duermen contigo en el sofá.

Eres tú quien se va.

Que quede constancia que tú eres quien se va…
tan frívola, como si te llevaras el mundo contigo.
Quieres que me haga cargo de lo que digo,
aun cuando tú llevas a cuestas, tantas palabras.
Te vas porque tienes miedo, lo sé, pero tú no lo sabes, sólo te vas.
Que vuelves el martes me dices;
primero habías dicho el lunes, y hoy apenas es domingo.
Huyes porque tienes miedo de que no te quiera más,
el miedo se huele a distancia y quizas,
tu olfato se confunda con mi cansancio de estarte detrás.
Anoche dormiste en el sofá porque no querías hablar.
Cuando te pregunté qué te pasaba, me diste la espalda
y con auriculares en los oídos me ignoraste abriendote paso.
“Que estoy distraída”, “que no te presto atención”,
“que me hablas y no voy cuando tú quieres”… Eso me lo sé de memoria.
¿Cuántas veces hiciste eso, tú? Si las hubiera contado,
si tuviese algo tangible… ¿Para qué?
Contigo no hay argumentos cuando el resentimiento te ciega.
Yo no puedo abrazar más tus enfados,
porque me deshago en ellos, cuando intento ayudar(nos).
Pero ahí estás, juzgándome de que no me importa,
porque decido ser ‘humana’ y tirar un “dale” como respuesta,
a tu ‘delicado’ “Si se me pasa vuelvo, y si no, nos vemos en Disney”
(una forma peculiar por cierto, que tienes para decir -¿quién sabe?-)

Había decidido dejarte ser; no sólo en lo bueno,
sino también en las formas -aunque terribles-
que tienes de pelear cuando te sientes atrapada o ahogada,
Yo lo entiendo; te cuesta controlarte y dices tonterías,
o decides callar constricta, sin responder a mis preguntas,
sin verbalizar el desasosiego…

Pero no quiero seguir desanudándote,
porque muerdes en cada intento.
Y tengo ya, marcados en la razón,
todos tus dientes.

Raices conceptuadas.

Emociones pululan sobre el aire queriendo sostenerse en el lenguaje,
temen quedar ahogadas en el pecho. La Tristeza se ha estructurado:
nostalgias en el borde temerarias se dejan estar,
respiro y escribo “mis raices quedan atrás”.
En los ojos aún siguen las imagenes que pretendo hidratar,
en lugar de despagarlas les haré un molde dentro de mí.
El corazón a la mitad echa de menos los pedazos que se quedan,
se dividió a sí mismo en fragmentos que acompañan la distancia.
Inviernos pasados se recuerdan en la espera,
de un avión que se lleva alusiones sin tiempo.
Repaso la historia para guardarla en la memoria
y proyectarla en mi casa, cuando la pena me invada.
Al cruzar los meridianos miro el reloj,
en mi mano empuño los números que no quiero cambiar,
quiero conservar al menos esas dos horas,
para que cada vez que las mire,
me traiga sus nombres, sus voces… sus caras.
Ya no marcará segundos, se quedará latiendo en cada tic tac
y sincronizado con momentos, dará a mis pasos el pulso.
Aunque no estén presente son mi patria sin frontera,
mi techo izará la bandera, cada vez que les rinda culto
Sus abrazos quedan en mi piel y hago de ellos estatuas de cera,
miradas francas que impulsan a caminar aunque ellas soltar no quieran.
Los llevo en esa risa que anidada en los pulmones propulso
En cada sueño insulso que mi mente loca anhela y opera.
Así son mi timón ante cualquier tormenta oscura,
si aparecen las dudas, habré de encontrarlos volviendo a mis mareas
que puedo sola nadie crea, la melancolía se pasa en mis ratos de ocio
Pero me sacudo el pesar y negocio, con los recuerdos que vuelven a hondear.
Jugueteo como intervalo y concluyo:
La vida llena de apuntes los ojos y sin embargo,
en nuestra eterna desatención,
desechamos los instantes entre líneas.

A mis padres, abuela y hermano.

¿Empiezo a soltarte?

¿Cómo le digo a mi razón que he dejado de reconocerte?
Que tu nombre está presente, aunque disuena a lo lejos sin llegar a tocarme.
Como las cenizas fundidas, aferradas aun al cigarrillo -por temor al viento-
las emociones no se sueltan y arraigadas se contraen, alborotando el sentimiento.
Estoy tan seca, pero la idea de negarte me arranca las manos, que no tendrían razón de ser.
Tan dentro de mí te encuentras que si renuncio, me rechazaría también.

No te hallan mis ojos, el corazón muere de a poco,
sugiere que lo busques y le hagas un café.
Por qué no vienes y me dejas a oscuras,
bésame las dudas y haz un nudo con mi piel.
Te anhelo demasiado etérea y me sabes tan carnal.
Objetiviza el deseo, materializa la idea,
rompe el cristal y vuelvete real,
acaba con la angustia, llévate la incertudumbre,
sintonizame contigo; desintoxicame del mal.

¿Cuando es momento de anunciarte, que me acostumbre a no tenerte?
estando tú ausente, encontré compañía dentro de mí,
Aunque mi pecho te elije sin pensarlo dos veces,
aun me haces falta, mas no para ser feliz.
ya no te pronuncian los latidos, y los suspiros no aparecen cuando llegas a la mente
pero el aliento no desmaya, hazte presente…
y rompe todas las murallas.
Seamos valientes, ahoguemos nostalgias y hablemos de frente.
Desde lo profundo, volvamos en el tiempo, recordemos batallas,
aunque no demos las tallas, no dejemos que acabe,
que no muera para siempre.
Y sí con esto te confundo, tómate un segundo, sólo cierra mis labios,
tus besos son sabios; con hechos y argumentos revélame tu verdad.
Haz que vuelva a caminar por el mundo con infulas de grandeza,
llename de certeza, devuélveme a tu mar.
Izate en andamios que lleguen a mis ganas,
te regalo mis alas, si quieres libertad.

Añoranza.

¿Se puede morir de nostalgias?
¿Pueden ellas, calarte hasta el profundo pasado?
¿Estamos así de arraigados al tiempo?
Hay que avanzar, despegarse, dejarse ser individual.
Porque lo que disfrutaste alguna vez, fue detenido en el tiempo;
y no porque no estés ahí, dejó de existir.
Hay espacio para más;
para crecer y conocer, para ser.
Uno: La nada entre mucho, y el todo de tan poco.
Las nostalgias queman, arden de arraigamiento.
No nos quieren dejar porque ellas no han comprendido,
que para vivir utilmente, hay que saber soltar.
Y es una tortura, eso de extrañar.
pero es una montura que se debe cabalgar.
Y te haces grande y aprendes por evoco,
que no hay libertad si no sueltas un poco.
Que no hay individuo que no haya dejado,
un poco de sí en ese hermoso pasado.
Porque nos da miedo el futuro; es demasiado cercano.
Cuando abrimos los ojos, ya hemos viajado.

Y te encuentras contigo, en un tiempo muy lejano,
casi desconocido, en la palma de tu mano.
No has perdido, has avanzado.
Es hora de renunciar al nido.
Después de tanto aprender, depués de vivirlo,
en primera persona, lo has comprendido.