Tu espejo

Nunca sales, y de repente, justo en tu día libre quieres ir a desayunar afuera; tú que sientes que no descansas si pones un pie en la puerta -incluso para abrirle al delivery-.
El día anterior te provees de todo, elaboras un menú para seguir tu plan: desayuno al medio día y de almuerzo una rica merienda; ese es tu ritual. Te despiertas temprano para quedarte en la cama, jugando con la gata o el celular; te levantas, te bañas; te vistes, no te peinas, y con un café en la mano enciedes la compu en el sofá. Así es tu día perfecto, tu tiempo intelectual.
Hace semanas no quieres hablar, tampoco escribes para no preguntar; ocultas tu verdad tras el desorden de esta casa que no quieres mirar.
¿Recuerdas que tenías un lugar? Es tu favorito: esa ventana abierta, con la persiana hasta la mitad, para que entre un poco de luz y a veces aire; la cama recién tendida sin el toque que acaricia por ultima vez la perfección del “quehacer”. Hay una pared, pero te encanta la idea del muro que te rebota hacia el mundo, ese del que hoy huyes porque no quieres ver.
¿Te vas a quedar? hay cebollas y pollo, con galletitas de agua algo puedes improvisar; acomoda las cosas, pasa la escoba, el trapo puede esperar.
No intentes huír, siéntate tenemos que hablar.
Tienes la facilidad de poner en las personas esas palabras que no saben decir, de compartir la emoción aunque no sea tuya, de saber desanudar sus dilemas… ¿Cuál es el problema? ¿por qué no te haces cargo y te das a ti mismo un consejo? en lugar de irte siempre, no seas tu cómplice, sé tu espejo.
Estás cansada de enamorar, quieres ser tú a quien enamoren, que te derritan de a poco, y traspasen la coraza que sostiene tu incredulidad. A veces desesperas porque temes engañarte, afuera el mundo es demasiado grande. Quieres caer, sostenida en su gravedad, en un fluir emocional que logre hidratarte. Tienes miedo de que algo así no exista, pero temés más todavía, que aparezca y no estés.

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Ausencia vestida

Su pelo ya no duerme en mi cara.
Pesan las sábanas,
que nuestros hombros sostenian.
En la cama,
ya no la encuentra, mi abrazo.
Las almohadas son frias,
no tienen omoplatos.
Mi pecho necesita su espalda.
Y solo hay sombras,
del olor de su cuello,
que sostenía mi boca.
El día ya no tiene su momento,
de abrigar la noche ,
acomodándome a ella.
El sueño que vivía entre sus dedos,
se quedo sin plaza.
Haciendo puño,
ahora se consuelan las manos.
Y yo, contando respiros,
distraigo los nudos.
Tragándome las olas,
aprieto imágenes,
que entre cada soplido,
se me caen por la borda.

Estos reglones, como Caronte,
solo intentan cruzar la nostalgia.
Y de un recuerdo a otro,
entre suspiros,
reman.

Ls ntrmtncs d l mrt (tu libro favorito)

Estaba recostada en el sofá y me quedé dormida con la página de facebook abierta -quizás a eso debo mi sueño-. El asunto es que estabas tú; era invierno, caminábamos hablando -no recuerdo de qué- pero sonreías y todo se sentía como esos paseos por el malecón cuando íbamos a comer helado. Lo último que llegué a escuchar fue un plan: ir a un lugar del que habías escuchado, en donde se intercambiaban libros entre las personas que asistían; pensé que contigo sería emocionante disfrutar de aquello y te dije que fuéramos; pero ninguna sabía cómo ir y me desperté mientras buscaba la dirección en mi celular. Facebook seguía abierto, miré los mensajes y lo último que dijimos trajo a mí, nostalgia; me abrigó un ardor bordeando la falta, pero aquel no sintió hueco, poco a poco tu forma empieza a acomodarse en mi pecho. Vi tu foto, “El principito” de perfil,  y me sentí aludida; aunque solo surja del deseo -supongo- pues en cualquier instancia me gustaría que alguna vez me pienses.
Así entré a tu muro, espié un poco y quise adivinar el título del libro que sin vocales habías escrito, ¿cómo no saberlo si es tu favorito?: “Las intermitencias de la muerte”, esa que en algún lugar, por mi insistencia te escribió una carta; y que sin embargo, no deje que te diera; aún la tengo conmigo, la miro de vez en cuando y siempre la vuelvo a guardar en el bolsillo.

Un pasado injusto

Días van y días vienen;
unas veces estoy segura,
otras tantas,
soy un remolino de dudas.
Vamos a un rincón, cuéntame tus causas,
yo sólo quiero escuchar todas tus desgracias,
y si me alcanza,
tratar de resolver tus ansias.
Total, aunque al final pierda,
la pena habrá valido,
por el hecho de haber cumplido,
y dejado un par de cuentas pagas.
Deja que me haga cargo,
que agarre un segundo tu vida,
te acompañe caminando a casa,
y con un beso en la frente, te acueste en tu cama,
ya no inventes excusas, quédate callada,
no te pasará nada, si alguien te demuestra cariño;
deja el miedo, olvida el vilo,
me haré cargo de tu delirio,
de tus miedos y preocupaciones,
te haré canciones, podrás dormir.
Y cuando despiertes estaré aquí,
para que interpeles todos los argumentos,
lo que es y no cierto, lo que podrás o no creer,
pero yo te haré ver que mi cara no guarda clemencia.
No creo que sea tarde, el tiempo ha seguido su curso,
el presente es lo que es, si sueltas un pasado injusto.
El futuro siempre podrá ser,
pero no sabrás hasta que no llegues,
aunque ruegues,
ver las consecuencias es imposible,
la realidad no está escrita,
solo te grita para que la encuentres.

Caminar y nadar

 

Hoy el suelo sostiene mi rostro,
voy por la calle esquivando todos los ojos;
no quiero a extraños revelar mi caos.
Nadie podría en un segundo,
reconstruír en forma ese mundo perdido.
Aunque la inercia me eleve sobre el tiempo,
llevándome a la casa que me niego a quemar;
manos densas de vacío huyen del frío,
y guardan en los bolsillos, la urgencia de no mirar.

LLevo la risa condensada en mis ventanas;
resbala de prisa humedeciéndome el aire.
Las ganas ya no se acuerdan
de lo que eran;
hoy le pesan a los pasos,
no se encuentran en mi carrera.
Con desconocidos construyo,
ladrillos de indiferencia;
colecciono espaldas,
que me sirven de muros,
para resguardarme en las aceras.
Camino la metáfora,
y tengo en los pies tanta arena;
he bordeado la orilla,
para no renunciar al paseo.
El sol intenta besar mis mejillas
pero celoso mi aguacero,
no suelta mi pelo.
Lo ata sin más, y me agarra del brazo,
masajeando retazos,
que la pena no sutura.
Así me enfrenta y murmura,
despacio,
rozando palabras, sin mover sus labios;
Arrasando el silencio, arrastrándome en su lluvia,
inundando mis oídos con recuerdos mojados,
que flotan en la memoria, escurriendo pesadumbre.
Yo sólo sigo aprendiendo a nadar,
empapada de nada mantengo el ritmo;
tarde o temprano habré de secarme,
pese a la humedad, que no me da respiro.

Noche azulada

La saliva atora el vacío,
y deja en mi garganta,
tragos de angustia.
Suspira el asombro,
de un llanto seco,
que se cuela en cada hueco,
dejándome sin aire.
Le ruego al silencio,
que no se lleve mis alas,
con sus salas,
inundadas de melancolía;
que desbordan la vida,
y pesan a la suerte.
No es la muerte,
es la soledad;
el vértigo de mirar,
la libertad a los ojos;
Abrazar el viento
y envolver la nada,
con el último aliento,
despedir la nostalgia.
¿Quién me acompaña,
en esta noche azulada?
me abriga el frío
y tiemblo de miedo,
estoy en el suelo,
aunque sigo pie.
El humo es mi amigo,
derrite mi congoja,
lo escucho y deliro,
aunque bien no se me antoja;
dibujos de ausencia,
grietas de tristeza,
se afilan en el alma,
con tanto menester;
quitándome la fe,
llevándose mis ganas.
¿Dónde habitan las emociones?
¿dónde conspiran las mías?
ensuciando los sueños,
con tanta desazón,
quebrando el corazón,
en trozos de hipocondría.
Siento la aflicción,
correr en la sangre,
que postra la razón,
que me quita toda el hambre,
un dolor sin denominación,
que aniquila la pasión,
que elucubra los enjambres.
¿Cuánto más durará la pena,
de un exilio sin retorno?
Para el desconsuelo,
no hay soborno,
que excuse la condena.
Vete lejos amargura,
hoy no serás mi alteza,
aunque mi mente aún tropieza,
mi tortura,
no será tu cena.

 

Incineración

El corazón cometió un crimen,
y no lo estaba aceptando.
Con premura y desquiciado,
había empuñado preguntas,
y a quemarropa disparado;
las respuestas lo torturaron,
ordenándole que acabe contigo.
Él obedeció quedando en shock
de su cordura y de ti,
yacían destrozos sobre el suelo.
Tan rápido como pudo,
la escena del crimen,
intentó limpiar;
para no llorar tu muerte,
para dormir todavía contigo.
Te halló así,
un lugar debajo de mi cama;
no quería aceptar su suerte,
en alguna parte te creía viva.
Pero te abrazó;
y sin pudor,
pronunció tu nombre,
bebió tu olor;
blandió emociones,
reconoció,
por ellas, todas las causas,
dejó en evidencia la corrupción,
de ese cuerpo que desde mi cama dolía,
confesó:
Nuestra piel ardía,
ya era demasiado caliente.
la sed no cedería,
y calcinaría la mente.

Su sentencia,
la incineración.
pero él no tendría,
que quemarse contigo;
solo debía,
salir completo,
arrancarse de tu ombligo,
era su reto.
Reunir testigos;
y empapar de ego,
todos los rincones,
de tu boceto.
Juntar los sentimientos
Apilar las posesiones,
dejando dentro,
todo apego;
incluir al sujeto,
y así luego,
cubrierto con una manta,
prenderle a todo fuego.

 

 

El agujero que derramó el vaso

Ese último huracán,
apagó la llama,
que se dejaba arder,
entre escombros.
Un despiste,
que sin piedad,
fulminó el azar,
y concluyó la historia.
Yo juraba que era el final,
pero aún creía en el amor,
que tú y yo nos pronunciamos,
tanto creía, que mi esperanza,
te hubiera jugado una revancha.
Te volví a mirar,
desde lejos,
te preferí libre.
Saliste a volar,
queriendo huir,
no supiste controlar,
estar,
sin las sogas;
y buscaste hurgar,
incrustando tus dedos,
en cada verdad,
para usarla de veneno;
para porderme culpar,
de todo el destierro,
que tú misma,
acababas de hacerte.
Usaste tus mejores armas,
a mi pecho,
no le quedaba espacio;
diste en el blanco,
hiciste otro agujero,
ese que derramaría el vaso,
deshaciendo en pedazos,
todos los intentos,
trayendo el infierno,
que a la posibilidad,
quemaría.
Quisiste soplar,
reconociendo tu ego,
pero él,
prendió el fuego,
y aunque se haga cargo,
ya sólo tiene cenizas;
antes de hacerme trizas,
prefiero flotar en el aire.

LLoras las causas,
tuviste tanto tiempo,
para aprender los efectos,
y evitar la desgracia.
Lo entiendo,
has cobrado el sentido,
yo abandoné el vilo,
con que mi razón te veía.
Finalmente la gravedad,
se puso de mi lado,
dejó caer la realidad,
tu alboroto,
fue mi aliado,
no habrá otro autor,
de novelas despistado,
que en favor del amor,
se descubra pisoteado.
por esas líneas,
que quiso escribir,
pero que sólo él leía,
porque necesitaba vivir.

Mariposas

Las mariposas,
han anidado en mi pecho;
mi corazón abierto,
supuraba un dulzor,
que en la herida,
se empezaba a amargar;
sin poder alimentarse,
de esos despojos,
empezaron a llegar,
una a una, a colaborar.
Había dolor,
pero intacto,
estaba dentro el amor;
no había razón para que muera,
apenas lo estaba aprendiendo.
Batiendo sus alas muy cerquita,
soplaron los rasguños,
para que no ardan;
decían que curar llevaría su tiempo,
pero de momento,
lo mantendrían a salvo.
Con mucho cuidado
quitaron con sus patitas,
restos de soga aún atorada,
y en la piel rojiza y quemada,
frotaron néctar;
aquel que rehidrataría las marcas,
de este tejido apretado y denso.

Confiaron así sus huevos,
a nutrirse de estas ramas,
para que cuando sean orugas,
le hagan un capullo,
que disuelva sus formas;
que necesite romper para emerger,
y sólo entonces salir en la búsqueda;
soltando risas, letras y honestidad,
dejando rastros,
para quien se anime a seguir los pasos,
para quien tenga antenas,
que reciban la frecuencia;
y quiera como yo,
juntando la barriga de espaldas,
volar como las mariposas.

Yo en tu pelo

Sólo te acomodabas el pelo,
y yo caí.
En un abismo aún sin final;
deambulo por tus umbrales,
sin nada a que aferrarme.
Estoy dentro de ti,
pero tú aún estás afuera.
Es cuestión de tiempo,
a que saltes,
y el vértigo,
nos descubra en el mismo viaje,
¿habré de esperarte?
¿o te quedarás por ahí;
entretenida en otros futuros?
Quítate la venda;
salta al vacío,
ven a jugar conmigo,
¿acaso no te das cuenta,
que mi nombre rima contigo?
Estamos hechas,
de cada pedacito de la otra.
No sé en qué momento,
recortaron nuestra vida,
destinada a las obras;
al arte,
que sólo el amor construye,
al devenir del tiempo,
en realidades concretas.
Ya no sé cómo decirte,
que mi corazón,
está unido al tuyo;
date cuenta por favor,
esto sólo resulta de a dos.
Acepta el destino,
el amor no es fácil;
mira hacia dentro,
vuélvete frágil;
mira nuestros mundos,
aprende del presente.

No somos mitades,
pero una verdad está dividida;
más allá del bien y del mal:
tú y yo, en otras vidas;
luna sin sal,
como un alma perdida,
busco tus cimas,
y tú no crees en el azar.
Envuélveme en ti,
abre la puerta;
deja que tome,
posesión de mi reino;
tú no lo recuerdas,
lo nuestro fue eterno.
Deja que repita,
lo que te hizo caer;
deja que construya,
de nuevo un horizonte,
un camino hacia el monte,
a senderos ya conocidos,
a lugares escondidos,
de los que sólo tú y yo sabemos.
Quiero dibujarte un mapa,
para guiarte hasta tu destino,
hacia aquel señalar con tino,
donde habrás de buscarme.
Tú no lo recuerdas,
nos hemos amado,
desde siempre;
mi corazón te reconoce,
el tuyo muere;
en amnesia lentamente.
No sabe que de repente,
necesita respirar,
muy cerquita al mío.
Por favor, ya no tardes;
te espero,
desde hace mucho tiempo;
me empiezo a secar,
necesito hidratarme en tus besos.

Cierra los ojos,
pronuncia mi nombre;
no te hace ruido,
porque no recuerdas,
que en el tiempo,
el silencio,
asentó su viaje en tus oídos,
distrayendo así tus sentidos.

Pero el amor,
no pide permiso,
siempre ha sido rebelde;
quizás nos encuentre,
tu pelo es su verso;
ese que dice,
que pronto,
recobrarás la memoria,
y volverás conmigo;
en este presente,
en este universo.